Un pájaro canta la diferencia entre el cielo y el infierno
Un koan primaveral
Los sigilosos movimientos de la primavera resuenan en el aire. Al aflojar el frío, el cielo se llena de nuevas melodías y vuelos. Después de un insolente invierno marcado por las bajas temperaturas, la lluvia y el viento, el cambio estacional resulta más abrupto. Inspiro la promesa del tiempo de las flores. Almendros vistiendo de novia a los campos preparan la perfumada noche de la polinización.
Extasiada, contemplo el espectáculo y como un ave más, un koan acude a mi: Canta un pájaro, anuncia la diferencia entre el cielo y el infierno.
Cuando nuestros sentidos están abiertos, nuestra percepción se encuentra en el momento presente. Recibimos entonces los regalos que nos brinda estar vivos. El canto de un pájaro, el ladrido de un perro, un avión que sobrevuela. El cielo es escuchar al pájaro cantar.
En cambio, cuando nos quedamos encerrados en los propios pensamientos, preocupaciones, elucubraciones, en el pasado, o en el futuro, entonces canta un pájaro y no lo escuchamos. El infierno es no escuchar al pájaro cantar.
Para ayudarte a anclar el koan, te dejo con la Oda a mirar pájaros de Pablo Neruda, de sus Odas elementales.
