Más allá del amor fusional
Cuatro formas arquetípicas de amar
Inspirada por San Valentín, hoy escribo sobre distintas formas de amar. En cualquier caso, cada día es el día del amor, si uno quiere. La vida nos rodea de seres, experiencias y lugares a los que abrirse, a los que amar. Mas amar, requiere algo distinto de nosotros en cada momento. ¿Cómo discernirlo? Prestando atención al momento presente y escuchando a nuestra brújula interior. Sin embargo, si nuestra paleta de formas de amar es en blanco y negro, nos será más difícil responder a la guía del espacio interior para quien están disponibles todos los colores del arco iris.
Una forma de expandir nuestro abanico amatorio es familiarizándonos con distintos arquetipos (todavía te puedes inscribir a la charla-taller sobre Liderazgo y arquetipos del próximo 24 de febrero, en este enlace). Los arquetipos son formas de ser y actuar, patrones que facilitan un cierto tipo de acción con un determinado tipo de energía. En relación al amor - de pareja, de amistad, filial...-, voy a explorar cuatro arquetipos básicos.
AMAR FUSIONALMENTE
Cuando pensamos en amar, es común pensar en fusión. En unirse con la persona amada, mediante cercanía física, emocional o sexual. Desde este arquetipo equiparamos amar a darlo todo sin retener nada. Esta es una forma de amar que aplica en algunas ocasiones. En muchas otras sin embargo, está energía puede significar todo lo contrario de amar: cuando se traduce en apego, incapacidad de estar solo, necesidad de tener alguien al lado, querer consciente o inconscientemente controlar a la otra persona...Si nuestra forma de amar es siempre esta, de algo podemos estar seguros: no estamos amando bien.
AMAR DANDO ESPACIO
En muchas ocasiones amar significa dar espacio al otro. Dejar que el otro se sienta y se perciba sin nosotros. Cuando una pareja atraviesa una crisis a menudo es conveniente que ambas partes se den espacio para estar sin la otra. A nivel práctico significa lejanía física, aunque también tiene forma de hacer nuestros propios planes y dejar que la otra persona haga cosas sin nosotros. En la soledad, uno es capaz verse y ver su situación de forma más desapegada. Ello permite tomar perspectiva de la otra parte y el proyecto común compartido. Si uno tiene el coraje de habitar esta forma de amar, desde este espacio nacen respuestas, ajustes a realizar, y se clarifican las ganas de seguir caminando con el otro.
AMAR DESDE EL CONFLICTO Y LA VERDAD DE UNO
Recuerdo uno de los períodos de crisis con mi pareja en los que nos acompañó una sabia terapeuta. Al compartirle que discutíamos mucho, ella nos iluminó diciendo que las parejas más sólidas y con mayor vitalidad no son las que no pelean - creencia común - sino las que riñen bien.
Con el paso de los años he aprendido que la capacidad de confrontación en la pareja permite visibilizar la propia verdad al otro, en toda su complejidad y contradicciones. Cuando ambas partes son capaces de recibir la verdad del otro desde el conflicto, el resultado es una mayor libertad expresiva y vivencial dentro de la relación. Además, la capacidad de enfadarse limpiamente es un fractal de la polaridad sexual que magnetiza a la pareja. Las parejas que no se enfadan pierden fuelle erótico, porque la harmonía forzada las sume en un espacio sin carga vital.
AMAR CON EL FUEGO DE LA BENDICIÓN
La cuarta forma de amar, tan necesaria en cualquier relación amorosa, es el amar desde la aceptación. Bendecir a la persona en su pasado, presente y futuro. Al hacerlo proporcionarle una visión de su potencial que tal vez ella misma no es capaz de ver. Esta forma de amar es a menudo la que se expresa en mis programas de coaching cuando trabajamos la visión del coachee. Desde la aceptación incondicional, el otro es capaz de aceptarse también a si mismo y mirar más allá, hacia donde su deseo y potencial le llaman.
Cada una de estas formas de amar tiene su momento y su lugar. Detectar cual es la apropiada, requiere por una parte poner en práctica aquellas en las que estamos menos versados y por otra, en cada momento, dejarse inspirar por la gracia que habita en nuestro espacio interior, silenciado de ruidos y distracciones.
¿Cuál es tu forma más común de amar?
¿Qué formas de amar de las expuestas vas a poner en práctica?
TÁCTICA Y ESTRATEGIA
Para terminar te comparto Táctica y estrategia, un poema de Mario Benedetti, en los que, con su arte inconfundible, recorre algunos de los arquetipos explorados:
Mi táctica es mirarte aprender como sos quererte como sos mi táctica es hablarte y escucharte construir con palabras un puente indestructible mi táctica es quedarme en tu recuerdo no sé cómo ni sé con qué pretexto pero quedarme en vos mi táctica es ser franco y saber que sos franca y que no nos vendamos simulacros para que entre los dos no haya telón ni abismos mi estrategia es en cambio más profunda y más simple mi estrategia es que un día cualquiera no sé cómo ni sé con qué pretexto por fin me necesites.
El próximo mes de abril daré una charla-taller sobre Las formas del amor. Te comparto más información y detalles en unos días.
