La única vida que puedes salvar
Extracto de "Da vida a tus sueños. 12 caminos para crecer y despertar"
El viaje
Un día finalmente supiste lo que tenías que hacer, y lo empezaste, aunque las voces a tu alrededor insistían en gritarsus malos consejos... aunque toda la casa se puso a temblar y sentiste el familiar tirón en tus tobillos. ‘¡Arréglame la vida!’, gritaba cada una de las voces. Pero no te detuviste. Sabías lo que tenías que hacer, aunque el viento forzaba con sus dedos rígidos los mismos cimientos, aunque su melancolía era terrible. Era ya bastante tarde, una noche impetuosa y la carretera llena de ramas caídas y piedras. Mas poco a poco, mientras dejabas atrás sus voces, las estrellas comenzaron a arder a través de las sábanas de nubes, y había una voz nueva que lentamente reconociste como tuya, que te hizo compañía mientras a zancadas te adentrabas cada vez más en el mundo, determinado a hacer lo único que podías hacer... determinado a salvar la única vida que podías salvar.
—Mary Oliver
UN DÍA FINALMENTE SUPISTE LO QUE TENÍAS QUE HACER
Cuando Julia empezó el coaching, no tenía un problema en mayúsculas o un claro foco de preocupación. A principios de la cuarentena, vivía en Berlín, donde trabajaba como reconocida periodista y escritora, era madre de un hermoso niño de dos años y su relación de pareja era fuerte.
El contexto del coaching estaba marcado por dos circunstancias. La primera era la crisis del COVID, que había empezado cinco meses atrás, con la consiguiente reducción de libertades. La segunda, el descentramiento que viene casi de serie con la maternidad. Un nuevo ser llega al mundo y reorganiza nuestra escala de prioridades para colocarse en primer lugar. Este proceso de sustrato biológico en beneficio de la especie sucede a menudo de forma inconsciente. Los seres humanos están entre los cachorros más indefensos de la creación y por esta razón son los que necesitan más cuidados.
Julia disfrutaba del tiempo de crianza y, al mismo tiempo, empezaba a sufrir el síndrome tan común que yo llamo «¿Dónde está la madre?». Ante la intensidad de este periodo vital, Julia se estaba buscando y no se encontraba. Porque con la maternidad, la mujer de antes muere y cuando el hijo ve la luz, nace una nueva mujer. Entonces, la crianza pone de relieve aspectos de nuestro ser que necesitan ser atendidos[1]. Es sin duda una oportunidad brutal de crecimiento si sabemos aprovecharla. Julia decidió ir a por ella.
¿Qué harías si supieras lo que tienes que hacer? Esta es una pregunta que me gusta lanzar a las personas a quienes acompaño. Apela a nuestra sabiduría interior, a nuestra capacidad de crearnos a nosotros mismos. No es una capacidad racional, aunque pueda servirse de la razón. Es más bien una capacidad intuitiva que ha estado siempre contigo por mucho que la hayas silenciado o ignorado.
A menudo es la razón la que boquea la intuición. La intuición te dice «por ahí» y tu razón te dice «¿estás seguro? Si esto no te lleva a ninguna parte». Pero la razón se equivoca. No tenemos que ver toda la jugada o recorrido antes de dar el primer paso. De hecho, es imposible. Solamente tenemos que reconocer ese primer paso y tener el coraje de darlo. Cuando lo damos se abre una nueva constelación de posibilidades que antes no veíamos. Y así, el camino va apareciendo.
Y LO EMPEZASTE
Julia comenzó. Comenzó el coaching. Comenzamos a conocernos. Contaba con una buena capacidad de autoobservación. Sabía lo que le pasaba, pero no sabía por qué le pasaba ni cómo transformar su manera de actuar al respecto. Ponerlo encima de la mesa de coaching fue un comienzo poderoso.
Allí estaba su tendencia a aceptar proyectos profesionales que no la llenaban por miedo a no tener trabajo. Esto revelaba dificultades para marcar límites y decir que no, algo que, según ella, mermaba su creatividad, el motor de su profesión. También estaba la encubierta competitividad con su pareja, diseñadora de sonido al frente de la empresa de éxito que había creado, y cierto resentimiento por la forma cómo, aunque así lo habían acordado, la crianza recaía mayormente en Julia.
Para curar, transformar o soltar cualquier patrón, herida psicológica o bloqueo, es imprescindible identificarlos primero. Las cosas no desaparecen por arte de magia, sino más bien lo contrario: todo lo que mandamos a nuestro inconsciente, parafraseando a Carl Jung, toma las riendas de nuestra vida y se convierte en nuestro destino.
En el marco del programa, tomamos lo que le ocurría a Julia observándolo con curiosidad como si fueran piezas de un puzle misterioso. Las estudiamos a la luz de su perfil psicológico y de personalidad[2] para generar un contexto suficientemente amplio en el que Julia pudiera verse y entenderse.
AUNQUE LAS VOCES A TU ALREDEDOR INSISTÍAN EN GRITAR SUS MALOS CONSEJOS
Los bloqueos que nos habitan no son piezas inmóviles de un mecanismo estático. No son tornillos de más que se nos han quedado dentro fruto de lo que nos ha pasado. Como proceso indefinible y en continuo cambio que somos, lo que bloquea el despertar a nuestra verdadera naturaleza tiene la misma cualidad: es cambiante y misterioso. A menudo no sabemos de dónde viene y tampoco importa.
Una parte fundamental de los bloqueos de Julia venían de sus voces interiores críticas, también llamadas el crítico interno[3]. El crítico interno son un conjunto de voces que hemos interiorizado de nuestra infancia y entorno. Estas voces modelan el tono y la forma de nuestra relación con nosotros mismos y, en consecuencia, con los demás. Conectar con ellas se parece a sintonizar una frecuencia de radio. Si no lo haces, parece que no existen. Sin embargo, al poner atención las voces se revelan de varias formas.
Cuando empecé el trabajo de crítico interno, mis voces no se expresaban como voces, sino como sensaciones físicas. De pronto sentía una necesidad imperiosa de irme del sitio donde estaba. Al preguntarme qué información había bajo aquella sensación, el mensaje solía ser bastante duro: «Estás haciendo el ridículo» o «Vete, aquí ya no te quieren». Lo que diferencia al crítico interno de la voz de nuestra conciencia o de la intuición es que el crítico es cruel y descarnado. La prueba del algodón para saber si se trata del crítico interno es preguntarse si un buen amigo te hablaría así. Si la respuesta es que no, entonces es que te ataca el crítico.
Las voces de Julia tenían muchas formas y guiones: «nadie te querrá», «te quedarás sin trabajo si te muestras como eres», «si sigues así te abandonarán». La atacaban cuando menos lo esperaba, lo que le bajaba el ánimo y le robaba energía por doquier. Una forma de cazarlas fue el escribirlas en un papel cuando las sentía. Al principio de esta práctica, a Julia le parecía que todavía daba más peso a las voces. Entonces añadimos la tarea de hacer añicos el papel con todos los mensajes escritos. Entonces el crítico interno empezó a calmarse mientras Julia recuperaba el poder que se había dejado usurpar.
Desactivar las voces críticas es un proceso progresivo y para algunas personas no termina nunca. Cuanto más practicamos desactivarlas, más fácil nos resulta.
Y SENTISTE EL FAMILIAR TIRÓN EN TUS TOBILLOS, «¡ARRÉGLAME LA VIDA!», GRITABA CADA UNA DE LAS VOCES
A menudo, las voces apuntan a heridas psicológicas y por eso son tan poderosas. El otro factor que les confiere poder es que resuenan con voces externas de una frecuencia similar, ampliando su volumen entre ellas.
El crítico de Julia a menudo le soltaba versiones de la idea de que lo que ella creía no era importante. Con el trabajo que hicimos juntas conectó con un momento de la infancia, sobre los cinco o seis años, en el que se dio cuenta de la forma como los adultos de su vida no la tomaban en serio por el hecho de ser pequeña. Ahí estaba la herida psicológica cuyo mensaje, «realmente no interesas a los otros», seguía susurrando a Julia y minando su autoestima. Cuando Julia compartió este episodio le dimos espacio para observarlo. Ambas resonamos con el dolor de la Julia niña, presente en la Julia mujer. Yo contaba con un mensaje similar, «en realidad los otros no te quieren, solo lo fingen», que también compartí. Juntas conectamos con el dolor de nuestros hijos y de todos los niños del mundo que pueden haber vivido un episodio similar.
Luego observamos las ramificaciones de esta voz en las relaciones de Julia con los otros. Una de ellas era que cuando se relacionaba con otras personas tendía a sentirse por encima o por debajo de ellas, pero raramente en situación de igualdad. Otras eran su dificultad para expresar lo que deseaba de forma clara y su tendencia a la duda. Estos patrones los localizamos en las sensaciones físicas bajo las que se mostraban. Una compresión en el pecho, una nubla mental, un súbito dolor de cabeza.
Estando con las voces y las heridas de las que estas emanaban, Julia empezó a entenderse bajo una nueva luz. Al validar su experiencia, su relación consigo misma empezó a transformarse dando cabida a la ternura, la escucha, la paciencia y el amor incondicional.
AUNQUE EL VIENTO FORZABA CON SUS DEDOS RÍGIDOS LOS MISMOS CIMIENTOS, AUNQUE SU MELANCOLÍA ERA TERRIBLE
Al comenzar a transformar la relación consigo misma, poco a poco la visión de Julia empezó a palpitar. Cualquier visión late desde un único lugar: el presente. Y lo hace con un claro lenguaje: el deseo.
Julia empezó a desear. Deseó crear una web nueva en la que sentirse reflejada. Deseó un espacio fuera de su casa en el que su inspiración pudiera beber de otras fuentes. Deseó reencender el romance con su pareja con escapadas sin el pequeño. Deseó una comunidad creativa como la que había disfrutado en Estados Unidos. Deseó tomar iniciativa en su sector y apoyar a nuevos talentos.
Sin embargo, había trabas. Unas cuantas. La COVID seguía contagiando un miedo y una incertidumbre difíciles de esquivar. Alquilar un espacio por el amor de hacerlo, sin necesitarlo de verdad parecía un lujo superfluo. Los tentáculos de la pandemia habían sumido a Julia en un consumo considerable de noticias y redes sociales, lo que le restaba energía. Cuando se planteaba cambiar la web, los trabajos pasados por los que no sentía nada de orgullo entorpecían su labor como actores malos en una obra de teatro. Cada una de estas razones, con sus rígidos dedos, forzaba a Julia a no actuar. Había una tristeza en esta inacción. La melancolía terrible del sentirse atrapado en un espacio que no es el propio.
PERO NO TE DETUVISTE
En el programa de coaching, al igual que con las voces críticas, recibimos las razones para la inacción. Julia no permitió que estas la detuvieran. Despertar a quienes somos de verdad no significa hacerlo con todo de cara. Se trata más bien de hacerlo a pesar de todos los obstáculos, de hacerlo gracias a los obstáculos que de alguna forma nos clarifican quiénes somos.
Los logros de Julia durante el programa fueron muchos. Un día vio claro cómo crear su nueva web y en un par de días, ¡zas!, ya estaba lista. Encontró un coworking en el barrio de Kreuzberg y empezó a escribir su tercera novela, rodeada de otras personas creativas. Julia se sentía en medio de una aventura formidable. En mi rol de coach, la animaba a celebrar cada uno de sus logros, lo que aumentaba sus emociones positivas. Las celebraciones eran sencillas y personales: una buena cena, un par de calcetines nuevos, darse un baño con aceites aromáticos.
Y HABÍA UNA VOZ NUEVA QUE LENTAMENTE RECONOCISTE COMO TUYA
Julia estaba sintonizando con su nueva voz, con su autoridad inalienable. De este modo empezó a declinar proyectos de los que su intuición le decía «esto no saldrá bien» y se apuntó a una asociación de escritores en la que adquirió un rol de líder.
Al mismo tiempo siguió trabajando con patrones reactivos con los que perdía su centro. Uno de ellos era la pérdida de autoridad al estar con personas muy persuasivas, como su pareja o colaboradores. Cada una de estas dificultades era una oportunidad para pulir y afianzar su nueva autoridad. En estos casos rehacíamos la experiencia. Se trata de volver a la situación pasada y preguntarse: ¿Qué podría haber hecho de otra manera? ¿Cómo podría haberme sentido? ¿Qué opciones tenía con lo que sé ahora? Revisitar la situación con la mente y el cuerpo nos permite afianzar interiormente estos aprendizajes para que estén disponibles en otra ocasión.
Usando sus dotes periodísticas, Julia escribió varios eslóganes para colocar en sitios visibles de su espacio de trabajo y vivienda. El primero sobre su voz propia y el segundo sobre colaboraciones significativas. Estos eslóganes constituían anclas externas que le recordaban lo importante cada vez que los veía.
El trabajo con Julia me puso en contacto con el delicado equilibrio entre la crianza, la vida de pareja, la profesión y todo lo demás. Se hizo patente la importancia de la honestidad para confrontar las prioridades de uno y la posibilidad de hacerlo con creatividad y tesón, levantándome de nuevo cada vez que el día a día me supera. El proceso de Julia me permitió recordar que la manera como soy —con todos mis defectos y habilidades por desarrollar— me basta para ser quien soy. Y que solamente existe un momento para hacerlo: ahora.
DETERMINADO A HACER LO ÚNICO QUE PODÍAS HACER, DETERMINADO A SALVAR LA ÚNICA VIDA QUE PODÍAS SALVAR
Al liberarnos de conductas reactivas y aumentar la confianza en nosotros mismos, la ilusión de que en nuestra vida «podemos elegir» desaparece progresivamente. En cada momento surge solamente una única acción verdadera y aceptarla es un acto de coraje.
La maternidad y la paternidad nos acercan a esta realidad. Los niños tienen necesidades —comer, descansar, jugar— y cubrirlas no es una elección. Tomando el ejemplo de este libro, en un sentido profundo no es algo que puedo elegir hacer o no hacer. El libro me ha elegido a mí y no me queda otra opción que escribirlo. Da igual si la gente lo lee o no. O cómo será recibido.
En este sentido, despertar a nuestra verdadera naturaleza, o salvar la única vida que podemos salvar, no consiste en mirarnos al ombligo a ver qué nos apetece o cuán especiales somos, sino en ser absolutamente honestos en cuanto a la razón por la que estamos vivos y no buscar excusas para no vivirla, ni en las circunstancias ni en los otros. Para Julia esto tenía que ver con escribir, pero también con dar clases y ponerse al servicio de su sector. Tenía que ver con hacerlo de un cierto modo, con personas y circunstancias determinadas y eso no estaba reñido con ser madre y esposa, sino todo lo contrario. De la claridad en su ámbito profesional, su foco se simplificó. Hacía menos cosas, pero más significativas. Salvándose a ella, también salvaba a su hijo y a su pareja, pues estos se nutrían de la armonía que emanaba de Julia. Y de todo el proceso emergía una vida de mayor gozo e integridad.
¿Qué vas a hacer para salvar la única vida que puedes salvar?
Este es el primer capítulo del libro Da vida a tus sueños. 12 caminos para crecer y despertar, ed. Desclée de Brouwer.
[1] Gutman, L. (2002). La maternidad y el encuentro con la propia sombra. Planeta, Barcelona.
[2] En mi práctica de coaching empleo la metodología del eneagrama según Riso-Hudson, en la que me he formado: Riso, R. y Hudson, R. (2011). La sabiduría del eneagrama. Urano, Barcelona. En algunos casos empleo también la metodología de Los cinco grandes, en referencia a los cinco rasgos de personalidad: apertura a la experiencia, responsabilidad, extroversión, amabilidad e inestabilidad emocional, según las investigaciones de Jordan B. Peterson, Colin de Young, Lena Quilty y Jeremy Gray.
[3] El crítico interno se refiere al «superego» definido por Sigmund Freud entendido como el conjunto de voces interiorizadas en nuestra infancia de nuestros padres y entorno, lo que facilita la contención de fuerzas egoístas y destructivas, tarea imprescindible para vivir en sociedad. Una vez adultos, un crítico interno inconsciente y feroz puede bloquear nuestra evolución, por lo que a menudo es necesario transformar la relación con el mismo.
