El día de hoy
La importancia de exponerte a enseñanzas espirituales una y otra vez
Esta semana estaba agobiada por diversas razones. Al irme a dormir me ponía a repasar mentalmente lo que tenía que hacer al día siguiente y luego al otro, y claro me desvelaba. Empezaba a analizar porqué me encontraba en tal situación y como evitar que se repitiera en el futuro. Perdía presencia, mi cuerpo se tensaba y todo se volvía muy serio.
Entonces vino a mi mente, “Danos Señor el día de hoy”, con lo que pensé, ¡claro! sólo tengo que preocuparme del día de hoy. Mañana ya se encargará de mañana. Había escuchado esto mil veces pero en tal circunstancia lo había olvidado. Al venir a mi este verso del Padre nuestro sentí que era justamente lo que necesitaba para navegar los días que tenía frente a mi. Lo hice, las tensiones se disiparon, las cosas fluyeron, yo con ellas y todo salió bastante bien.
Estar expuesto una y otra vez a las enseñanzas es algo que enfatizan todas las espiritualidades. Para el budismo tiene que ver con estudiar el dharma, participar en una sangha, es decir, una comunidad de personas que practican esta espiritualidad y profundizan en sus principios. Para el cristianismo tiene que ver con hacer comunidad, ahondar en las enseñanzas bíblicas y participar en la eucaristía. Para el judaísmo, consiste en la constante lectura de la Torá, su estudio y el seguimiento de los numerosos rituales y tradiciones.
Recordar las enseñanzas cuando las cosas van bien, nos equipa para recibir guía y orientación cuando vienen mal dadas.
En mi práctica de coaching soy testimonio cada día de la mayor fortaleza de las personas que dan espacio a la dimensión espiritual de sus vidas. Son más resilientes, su tono emocional es más alegre y cuentan con mayor apoyo social.
El marco en el que se ha dispuesto la espiritualidad moderna es el de creer o no creer. Es decir, o crees en Dios o no crees. Este marco es incorrecto e inútil. La pregunta que nos deberíamos hacer es: ¿las enseñanzas del cuerpo espiritual son útiles o no? Si nos hacemos esta pregunta con sinceridad, la respuesta va ser unívoca.
La muerte de Dios que profetizaba Nietzsche no nos ha vuelto súper hombres. Al contrario, al no ser capaces de generar nuestro propio sistema de valores, nos ha vuelto más débiles y enclenques moral y espiritualmente. Es hora de volver a conectar con las raíces de nuestra civilización mediante la práctica renovada de enseñanzas que han llegado a nosotros de forma ininterrumpida durante más de dos mil años.

Molt maco, Magda, i molt d’acord.