El amor como puerta al AMOR
Reflexiones sobre el amor compasivo
Este fin de semana discutíamos con un amigo sobre las puertas al amor universal o amor compasivo, es decir el amor hacia todos los seres y personas. Uno puede pensar que no tiene mérito amar a la pareja, a los hijos o a los padres y que el verdadero reto consiste en amar al vecino, al desconocido, a los saharauis en los campos de refugiados, a los gazatíes damnificados y al mendigo que nos encontramos cada día al volver a casa.
Sin embargo, a mi entender, el amor por el prójimo no familiar, crece a través de darnos más y más a los nuestros. En cuanto más amemos de forma incondicional a nuestra pareja y familia, más incondicional se volverá nuestro amor hacia todo lo que nos rodea. Entonces el amor deja de ser algo que hacemos y pasa a ser algo que somos.
Una conceptualización de ello es, de nuevo, la obra maestra de Dante. Al final del purgatorio, después que el protagonista haya limpiado sus pecados, aparece Beatriz, el amor en vida de Dante.
La voz de Beatriz al final del purgatorio resuena con los reproches que se podrían dar en cualquier relación de pareja: haber malgastado el tiempo, derrochado el propio talento en actividades sin importancia, y todas las veces que se desvió de su verdadero camino. Con la reprobación de Beatriz, Dante no huye despavorido. Tampoco pide la separación. No busca excusas ni justificaciones para defenderse. Dante recibe las hirientes palabras con humildad. Y es a partir de allí, del reconocimiento de la verdad, Dante puede bañarse en el río del olvido (Lethe) y el río del recuerdo del bien (Eunoe) y comenzar su nueva aventura en los dominios del Paraíso, el terreno del amor incondicional. De este modo Beatriz, el amor terrenal de Dante, es la puerta al amor divino, y del viaje del peregrino de lo personal a lo transpersonal.
¿De qué forma tus relaciones más cercanas son una oportunidad para ahondar en un amor más profundo e incondicional?
