Cuidar el jardín de la relación de pareja
Entre la maleza y tu Edén particular
Vivimos en una sociedad individualista y narcisista. Se nos empuja a mirarnos al ombligo y a ponernos en el centro de nuestra vida. Con suerte tenemos hijos y esto nos descentra, y sin embargo, con el foco puesto en ellos, es fácil olvidarse de la pareja y operar bajo la ilusión que la relación se sostiene por si sola, receta segura para el desastre.
Una forma de visualizar la importancia de la pareja es considerar nuestra vida como un conjunto de círculos concéntricos. En un primer círculo estaría uno mismo y nuestra relación con lo trascendente. En un segundo círculo estaría la pareja. Y en otro más amplio los hijos. En otro más grande, la familia extendida y amigos, y en otro, todo lo demás. David Whyte habla de Los tres matrimonios: profesión, uno mismo y pareja, en The three marriages: reimagining work, self and relationship. El reto de cada persona consiste en equilibrar los tres vínculos para una vida con sentido y en evolución.
Más allá de la geometría de la pareja y sus vínculos, está la chispa, el fuego de la relación. El psicólogo Walter Riso dice que encontrarse íntimamente con la pareja le tiene que apetecer a uno como un buen postre. Mantener vivo el fuego de la relación no es evidente. Esther Perel en su libro Mating in captivity – enfatiza que al igual que los animales, nuestros hermanos evolutivos, no estamos hechos para aparearnos, léase relacionarnos, en captividad. ¿Significa esto que tengamos que romper con la pareja y lanzarnos a la jungla de la poligamia o infidelidad? De ninguna forma. Más bien es una invitación a romper la monotonía y a ser creativos con nuestro compañero del alma.
En todo caso, sea por la monotonía o por tensiones de cualquier tipo es fácil que la relación se descuide. Cuando esto ocurre la hierba en la relación empieza a crecer y los caminos al otro se vuelven tortuosos. Antes que la maleza crezca en desmesura, convertirse en jardinero de la relación es una posibilidad. No es garantía de nada, pues la vida es compleja y las relaciones humanas uno de sus misterios. Sin embargo, esparcir las semillas de proyectos comunes, sembrar las flores del cariño y saborear los juegos de piel son prácticas a cultivar. Y así, de vez en cuando, puede que nos encontremos caminando juntos, en nuestro Edén particular.
