Confinamientos invisibles y la llamada a zarpar
Lo que realmente está en juego
Escribí este poema durante el confinamiento por la COVID. Vino a mí la imagen de los veleros amarrados en el puerto, esperando aburridos que alguien los saque a mar abierto. Hacia el final del confinamiento sentía que la vida estaba amarrada en casa. Sí, en muchos casos se prevenía la enfermedad, pero la VIDA en mayúsculas, se nos escurría por la rendija de la previsión, de la prudencia, del confiar en que el estado sabría cuidar de nosotros.
SINE DIE
Los días transcurren como barcos amarrados en el puerto. Nadie vendrá a navegarlos. Permanecerán mecidos por el suave envejecer de la piel y el vaivén de tu respirar, demasiado lejos de ultramar. Aburrida seguridad de una vida confinada sine die, sin saber cuándo podremos salir a mar abierto: una vida cierta, pero estática. Mientras tanto, los horizontes mutan con la salida y la puesta del sol. Mientras tanto, tú te haces viejo y olvidas poco a poco el placer de ser uno con los elementos. El tiempo ondula mientras sueño más allá del puerto. No sea caso que lo cierren y quieran hacernos creer que volar a ras de agua era cosa de antiguos dioses. Escucho la canción del mar y su llamada, muy pronto irresistible. Entonces, indiferentes a cualquier previsión de tiempo, mientras el viento hincha las velas como nueva vida en un vientre, zarparemos.
Poema original en catalán, del libro De la rauxa i del seny (Ed.Oblicuas).
Antes de la COVID tenía previsto recorrer un tramo del Camino de Santiago. Llegó la fecha y todo seguía condicionado por la pandemia, mi situación familiar era compleja, tenía una lesión en la ingle y otra en el tobillo. Y aún así, no puede no escuchar la llamada y me determiné a hacerlo. No fui la única. Un grupo de peregrinos, sobre unos cincuenta, realizaron el viaje interior y exterior que se habían prometido a sí mismos, en un contexto sin precedentes.
Más allá de la pandemia por la COVID, los confinamientos invisibles de nuestras vidas son muchos y sutiles: se visten de comodidad, de evitar riesgos, de protegernos a nosotros y a los nuestros. Defienden el statu quo, se alimentan del miedo y sus razonamientos parecen verdades incuestionables.
Una vez hemos nos hemos percatado de nuestro (auto) confinamiento es imprescindible escuchar la llamada: una llamada interior, de nuestra consciencia, de algo que nos trasciende. Mas son malos tiempos para oír la llamada, porque son malos tiempos para el silencio, como elabora Han en su libro1 en diálogo con Simone Weil. “El espíritu necesita silencio para generar o captar algo nuevo del todo” pero “la hipercomunicación digital destruye el silencio. La información consiste, precisamente por lo que es, en un ruido”
Pongamos que generamos silencio en nuestra vida, logramos escuchar la llamada interior, entonces puede que nos abrumen las implicaciones a nivel familiar, económico o de reputación de seguir la llamada y que esto nos paralice. Por ello es importante no engañarnos al momento de sopesar lo que está en juego si decidimos no seguir la llamada: una parte de nuestra alma. Darse cuenta de ello es clave para deshacernos de excusas, desactivar el miedo y llenarnos de la intrepidez necesaria para...zarpar.
Para un momento y considera:
¿Qué confinamiento invisible estás dejando que te aprisione?
¿Qué llamada interior te invita a transformarlo?
¿Cómo puedes participar de la intrepidez necesaria para zarpar?
Sobre Dios pensar con Simone Weil, Byung-Chul Han.

